EL CAPUCHINO ASESINO

(Tras la estela de un cuento de Borges titulado “Un problema”)

Supongamos que un fraile capuchino, que se siente comprometido con una causa ajena al ministerio que normalmente se le atribuye a un religioso (el pastoreo de almas y la vida contemplativa) mata a una persona y colabora en la muerte de otras.
Tras los hechos, el fraile, como cualquier otro asesino que en el mundo ha sido, puede plantearse, al menos, tres posibilidades.
Una, que no ocurra nada, el fraile no se preocupa de haber matado a una persona real, un hombre prácticamente inválido. Su delirio es tan abrumador que es incapaz de otorgar al inválido la condición de humano, por lo que no es merecedor de ninguna compasión y por tanto no se hace a sí mismo el más mínimo reproche. Muchos asesinos no han pasado de esta barrera.
Otra posibilidad es que el fraile al ver que ha quitado la vida, delante de su mujer, a un ser humano, un hombre enfermo, prácticamente inválido, decae de su fantasía y se arrepiente (y hasta pide perdón) liberándose de las idílicas quimeras que le han llevado a cometer ese acto horroroso. Algunos se adhieren a esta idea.
La tercera posibilidad es aquella, mucho más compleja que las anteriores, según la cual al haber matado con saña (seis tiros dice la policía) a una persona real, a un hombre prácticamente indefenso por su invalidez, decide conscientemente permanecer en el reino del delirio y aferrarse con todas sus fuerzas a sus ficciones y fantasías alucinantes porque será lo único que dará sentido a su horrible crimen. A partir de ese momento, el fraile asesino dispondrá de mucho tiempo (más de 23 años en la cárcel) para meditar sobre ello y primero construir un relato imaginario lleno de teorías simples e inexactos paralelismos para después adornarlo (no mucho) y repetírselo muchas veces, a sí mismo y a quien quiera oírlo, hasta convertirse en la única versión que en su mente justifica el dolor causado y el haber entregado su vida a una causa que, en el fondo, sabe que no merecía esa entrega. Parece ser que esta última es la opción elegida por muchos asesinos y también por el fraile.