Hernán Guiraud, escultor

“Llegué a la escultura sin darme cuenta, en el año 70. Me fui a París para ser corredor de autos, ahí vivía mi tío Sergio Camargo, escultor, que me ofreció trabajar con él y alojarme en su taller. A la semana ya me sentía como en mi casa conviviendo con un lenguaje que, sin saberlo, me pertenecía.”