EL ÁNGEL QUE HABLABA A UNA COLUMNA

La escena: En un entorno de arquitectura fantástica, el artista ha representado a un torpe joven (quizá un ángel) que mirando directamente a una columna pretende hablar a una mujer que, en actitud compungida, se encuentra visiblemente desplazada a la derecha. La idea es transmitirle un mensaje sin necesidad de abrir la boca. El joven se ha postrado rodilla en tierra pero demasiado lejos para que la mujer pueda oírlo con claridad (sobre todo si ha de hablar sin mover la boca). Como atributo diferenciador, el artista ha colocado a la espalda del joven una única ala oscura (casi negra) que presupone detrás una segunda.
El contexto: Muchos son los indicios por los que, a veces, se detecta la presencia de seres extraños (de sexo disimulado) semejantes a nosotros en apariencia pero, a todas luces, distintos. Son ángeles que han sido enviados para quién sabe qué. Si lo piensas un poco seguro que has conocido a más de uno. Son esos personajes en apariencia como tú y como yo pero que, por su inexperiencia como humanos (su no ser humanos), al principio no paran de meter la pata, esos que torpemente (imitándonos) confunden las cosas, que quieren ayudar pero que muchas veces estorban, que no saben dónde ponerse ni qué decir en cada ocasión, que rompen las cosas, que se emborrachan sin darse cuenta, que tropiezan con los marcos de las puertas. Algunos, tras el aprendizaje de qué es ser humano, completada su misión con mayor o menor brillantez, desaparecen de un día para otro sin dejar ningún rastro; otros en cambio con misiones más complicadas o más prolongadas en el tiempo llegan casi a mimetizarse con nosotros y a cogernos cariño; y aún hay un tercer grupo, en número nada despreciable, que no llegando nunca a entender los mecanismos del proceder humano, se descontrolan totalmente, son irrecuperables y sintiéndose a su vez incomprendidos, son reemplazados y quedan a la deriva entre nosotros durante muchos años. No sabemos de dónde vienen ni a dónde van después y en la mayor parte de los casos tampoco cuál es (o cuál era) el motivo de su presencia entre nosotros. No obstante es de sentir general que la mayor parte han llegado para ejercer un socorro o para traer un mensaje. Algunos artistas, ejercitados en la observación de detalles y haciendo alarde de gran agudeza, han sido capaces de imaginar a algunos de estos entes en los quehaceres encomendados y, para dejar constancia, han llegado a representarlos. Así algunos del cine con ejemplos que todos recuerdan, así también en la escultura o en el grabado. Pero, indudablemente, es en la pintura donde son más frecuentes estas escenas: ¿Quién no ha visto a un muchacho bien afeitado, con una azucena en la mano (quizá rodilla en tierra o quizá no) dirigirse a una mujer del pueblo llano, anunciando un mensaje incomprensible para ella (e inverosímil para todos), mientras señala el cielo con un dedo? Estas escenas se han dado en llamar Anunciaciones.